Hace unos días mientras regresaba a casa del trabajo, note que al salirme de una vía para incorporarme a otra, tuve que girar mi cabeza por qué el espejo retrovisor no me permitió ver todo el panorama. Y recordé que mi padre siempre habla de los puntos ciegos al conducir.
La frase se quedó paseando por mi mente un buen rato, así que tuve la necesidad de validarla para poder entender por qué seguía repitiendola.
Resulta que recordé el sentimiento que me quedo al ver la película de Joaquín Phoenix, Joker.
Y sin el ánimo de justificar el comportamiento de nadie, ver está versión de la vida de un villano, me permitió entender o al menos vislumbrar, sobre las causas que nos llevan a una consecuencia. Y que todo mal tiene un origen.
Las situaciones que se presentan en la vida tienen como objetivo, a mi muy humilde parecer, ponernos a prueba para sacar la mejor o peor versión de nosotros mismo.
De la forma en que decidamos resolver esas situaciones, es como fortalecemos el carácter. De modo que está en nuestras manos, el camino a seguir.
Si entendemos que somos seres vulnerables, que vibramos en sintonías de amor y odio, luz y oscuridad, alegría y tristeza. Y que todo eso y mucho más, lo sentimos al mismo tiempo, nos convierte en el blanco perfecto para responder a las siguientes preguntas:
_Cómo quieres afrontar el próximo reto?.
_Qué parte de ese remolino de sentimientos le permitiras actuar?.
_ Escogerías el bien o el mal?.
_Fragmentaras tú alma o le permitiras ir al siguiente nivel?
Si aún no haz visto la película, te la recomiendo. Talvez descubras que sin importar lo pasado, siempre habrá más de un camino que tomar. Trata de elegir, el que te lleve a la felicidad.
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